¿Cuál fue la causa de la crisis económica de 2001?
A fines de los 80, Carlos Menem asume la presidencia de la Argentina siendo un caudillo populista que tenía claras intenciones de imitar al riojano Facundo Quiroga.
Pero dada la situación en la que se encontraba el país, y aprovechando la caída del Muro de Berlín en aquel entonces, Menem sabía que en Argentina era necesario introducir una serie de medidas diferentes; como por ejemplo, una reforma promercado y la adaptación de los postulados del Consenso de Washington, si bien no se cumplió con todos tal como lo plantean. Aún así, Menem tenía una idea razonable en cuanto al camino que había que iniciar para transformar a la Argentina en una estrella del mundo.
No obstante, y por razones que no estuvieron vinculadas con las medidas liberales, existió un cierto grado de populismo menemista que junto a otros responsables nos terminó llevando a la peor crisis económica de la historia; diez años después de haberse lanzado el Plan de Convertibilidad, que en un principio sirvió como un gran instrumento que aniquiló la hiperinflación heredada del gobierno de Raúl Alfonsín en 1989, a causa de un alto déficit fiscal financiado con emisión monetaria. La inflación se bajó a niveles internacionales a los dos años siguientes de la inauguración de este plan, pero partiendo de una cifra equivalente a 5.000% anual. Domingo Cavallo (el Padre de la convertibilidad) tenía claridad meridiana acerca del fenómeno monetario que es la inflación; y cuando era Ministro de Economía, sabía que había que atacarla actuando sobre la oferta y demanda de dinero.
La convertibilidad se basó en un remedio extremo en el que se fijó por ley el precio del dólar y se estableció que el gobierno iba a verse imposibilitado a emitir dinero para financiar su déficit, tal como ocurrió previo al Rodrigazo, la crisis de 1989 y la devaluación de 2015. Pero como las privatizaciones de empresas públicas no alcanzaban para cubrir el déficit, el gobierno de Menem se vio obligado a acumular mucha deuda externa y ésta culminó en un default, tal como ocurrió con el plan económico de la dictadura militar. Y por el endeudamiento excesivo se atrasó tanto el tipo de cambio, que se fundieron los sectores exportables y la industria que compite con la importación, cuando la economía estaba abierta al comercio internacional; lo cual constituye uno de los grandes cambios que necesita nuestro país actualmente, siempre y cuando venga acompañado de un dólar competitivo, una reforma laboral y un tamaño del Estado pagable por el sector privado.
La única crítica que puedo hacer en cuanto a las privatizaciones es la forma mediante la cual se llevaron a cabo: una mitad del país a Telefónica y la otra a Telecom. Tendrían que haber fomentado la competencia para beneficiar al usuario vendiéndole tarifas baratas. Pero la decisión de las privatizaciones en sí era necesaria. En primer lugar, porque las empresas públicas brindaban un pésimo servicio. Y en segundo lugar, porque la función del Estado consiste solo en la devolución de los impuestos a la gente bajo la forma de bienes públicos, que son Salud Básica, Educación Básica, Seguridad, Justicia y Diplomacia.
Al Menemismo le había ido bien en sus primeros años al igual que a los Kirchner, que incluso han sido electos en tres ocasiones (2003-2007, 2007-2011, 2011-2015). En las Elecciones Legislativas de 2017, Mauricio Macri arrasó con todo; y Alfonsín había tenido éxito cuando se lanzó el Plan Austral en 1985. Con esto quiero decir que los planes económicos del último medio siglo comienzan a funcionar ciertamente bien, como el de Menem; hasta que se desvanecen con el tiempo y desembocan en una crisis.
La diferencia radica en que en el año 2001, la base contractual de la economía argentina estaba dolarizada; es decir, los contratos estaban pactados en dólares. Particularmente, los créditos, las deudas y los ahorros privados. Ese fue el gran motivo por el cual Eduardo Duhalde, quien fue Presidente en 2002, tuvo que pesificar la economía antes de devaluar; y fue la pesificación la que llevó el dólar de 1 a 4, ante la desesperación de la gente de reconvertir su portafolios de pesos a dólares.
Y desde ya que la pesificación de la economía favoreció a empresarios SORETES como José Ignacio de Mendiguren (el Presidente de la Unión Industrial Argentina), a quien le licuaron todas sus deudas de millones de dólares cargándolas a espaldas de los ahorristas. Casualmente, él es uno de los grandes beneficiarios del proteccionismo industrial que le brinda el gobierno de turno, y le da la posibilidad de vender los productos nacionales a un precio carísimo respecto de los importados.
En efecto, esta crisis tuvo hechos como el corralito de Diciembre de 2001 (cuya causa de origen fue el déficit fiscal de las provincias financiado con deuda interna bancaria), el corralón de 2002, un fuerte aumento de la pobreza, y varios muertos en la Plaza de Mayo.
Pero en líneas generales, y al margen de algunas diferencias de segundo orden, estamos hablando de una crisis fiscal como cualquier otra de las que Argentina sufre desde 1975 hasta hoy; una en promedio cada diez años. De la misma manera que en otras crisis hubo problemas que no se vieron en 2001; como por ejemplo, un fuerte atraso tarifario antes de la crisis del Rodrigazo, donde existió un alto déficit (financiado con emisión monetaria), que forzó al gobierno a poner restricciones cambiarias y terminó con una tremenda devaluación acompañada de un golpe inflacionario de tres dígitos anuales, y precisamente, un tarifazo. Por lo menos en los 90, las tarifas estaban actualizadas; y hasta éramos grandes exportadores de energía y gas.
Sin embargo, la principal causa de la crisis obedece a un exceso de gasto público sobre la recaudación (que en los 90 influyó sobre todo en las provincias). Y tarde o temprano, Argentina volverá a chocarse contra una pared mientras no revierta su situación fiscal.
Este es uno de los grandes cambios que la clase política debe implementar. No solo por las crisis que nuestro país ha sufrido, sino porque hasta la década del 40, Argentina ocupaba el puesto nº5 en el ranking mundial de ingreso per cápita. Ahora, figura en el nº62. Y desde 1989, la pobreza promedio ronda el 30%. Hoy es del 45%; y seis de cada diez chicos son pobres.
El plan económico de los 90 es uno más de los que fracasaron. Y no por culpa de los mercados libres y la relación civilizada con Occidente.
Pero en líneas generales, y al margen de algunas diferencias de segundo orden, estamos hablando de una crisis fiscal como cualquier otra de las que Argentina sufre desde 1975 hasta hoy; una en promedio cada diez años. De la misma manera que en otras crisis hubo problemas que no se vieron en 2001; como por ejemplo, un fuerte atraso tarifario antes de la crisis del Rodrigazo, donde existió un alto déficit (financiado con emisión monetaria), que forzó al gobierno a poner restricciones cambiarias y terminó con una tremenda devaluación acompañada de un golpe inflacionario de tres dígitos anuales, y precisamente, un tarifazo. Por lo menos en los 90, las tarifas estaban actualizadas; y hasta éramos grandes exportadores de energía y gas.
Sin embargo, la principal causa de la crisis obedece a un exceso de gasto público sobre la recaudación (que en los 90 influyó sobre todo en las provincias). Y tarde o temprano, Argentina volverá a chocarse contra una pared mientras no revierta su situación fiscal.
Este es uno de los grandes cambios que la clase política debe implementar. No solo por las crisis que nuestro país ha sufrido, sino porque hasta la década del 40, Argentina ocupaba el puesto nº5 en el ranking mundial de ingreso per cápita. Ahora, figura en el nº62. Y desde 1989, la pobreza promedio ronda el 30%. Hoy es del 45%; y seis de cada diez chicos son pobres.
El plan económico de los 90 es uno más de los que fracasaron. Y no por culpa de los mercados libres y la relación civilizada con Occidente.
ESO ES ABSOLUTAMENTE FALSO. LES GUSTE O NO.
Menem tuvo luces y sombras. Por un lado, pacificó al país, la clase media podía consumir productos importados de todo tipo, había crédito hipotecario, se realizó una reforma promercado extraordinaria de la mano de privatizaciones de empresas de agua, energía, teléfonos, etc (a buena hora, porque el Estado no está para producir eso), se modernizó el aparato productivo y durante años tuvimos una inflación anual de un solo dígito. Pero como no se realizaron todos los cambios a la perfección, el resultado fue una nueva crisis argentina.
Menem tuvo luces y sombras. Por un lado, pacificó al país, la clase media podía consumir productos importados de todo tipo, había crédito hipotecario, se realizó una reforma promercado extraordinaria de la mano de privatizaciones de empresas de agua, energía, teléfonos, etc (a buena hora, porque el Estado no está para producir eso), se modernizó el aparato productivo y durante años tuvimos una inflación anual de un solo dígito. Pero como no se realizaron todos los cambios a la perfección, el resultado fue una nueva crisis argentina.
Menem se enamoró del tipo de cambio fijo, el déficit fiscal fue tan alto que no alcanzaba cubrirlo con las privatizaciones, y como no se podía emitir pesos para financiarlo (para evitar una alta tasa de inflación), se colocó tanta deuda externa que el dólar se abarató al igual que con José Alfredo Martínez de Hoz, motivo por el cual se fundieron las empresas que competían contra la importación, y el país terminó defaulteando en 2001. La responsabilidad de Fernando de la Rúa (Presidente sucesor de Menem a fines de los 90) estuvo en saber que la convertibilidad con tipo de cambio fijo 1 a 1 no daba para más, y aún así haber hecho campaña en 1999 diciendo que si ganaba, no la iba a tocar. La gente lo votó por ese motivo. A su vez, esto también explica el rédito que dio la estabilidad de precios durante el Menemismo.
En cuanto a la liberalización de las importaciones, tranquilamente se puede optar por una apertura indiscriminada de la economía que no funda a las empresas nacionales, tal como hacen los países del mundo que prosperan. Pero la configuración macroeconómica tiene que ser la adecuada; NO con un dólar atrasado en relación a los términos de intercambio y una política fiscal verdaderamente irresponsable.
No hay ninguna reforma comercial, estatal ni laboral civilizada en el mundo que haya provocado el desastre que causó acá.
En Argentina, la convertibilidad fracasó por culpa de un Estado administrado por un conjunto de políticos corruptos y atorrantes, que son los que gobiernan y votan el Presupuesto.
En cuanto a la liberalización de las importaciones, tranquilamente se puede optar por una apertura indiscriminada de la economía que no funda a las empresas nacionales, tal como hacen los países del mundo que prosperan. Pero la configuración macroeconómica tiene que ser la adecuada; NO con un dólar atrasado en relación a los términos de intercambio y una política fiscal verdaderamente irresponsable.
No hay ninguna reforma comercial, estatal ni laboral civilizada en el mundo que haya provocado el desastre que causó acá.
En Argentina, la convertibilidad fracasó por culpa de un Estado administrado por un conjunto de políticos corruptos y atorrantes, que son los que gobiernan y votan el Presupuesto.
Comentarios
Publicar un comentario