¿Hasta cuándo se podrá sostener esto?
Si bien hay récord de argentinos que tienen trabajo registrado, reciben cargas sociales y cobertura, éstos siguen siendo pobres. Naturalmente, la clase media se está viendo arrasada. Estos son los datos que aparecieron en el último informe sobre la situación social, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Desde mi punto de vista, esto muestra las consecuencias de un modelo económico que hay que cambiar cuanto antes. A causa de éste, hay un proceso inflacionario del cual Argentina no puede salir desde hace ya mucho tiempo. La inflación es el resultado del estatismo económico, que ha generado este modelo económico basado en el alto déficit fiscal, la emisión monetaria, y la falta de respeto hacia las leyes de gravedad de la economía.
Aunque hayan aparecido los temores de la nueva variante sudafricana del coronavirus, que es más contagiosa, se confirma que ésta es habitualmente menos dramática en términos de mortalidad. Incluso ha habido informes de laboratorios en donde se han mostrado avances. Por ejemplo, Pfizer anunció que con la tercera dosis, la protección es muy elevada, mientras que GlaxoSmithKline hizo un comentario internacional. Todo eso generó un optimismo en los mercados internacionales, lo cual debería ser una oportunidad para la Argentina.
Además, en el mundo se alcanzó un récord de los precios de los productos que nuestro país exporta; particularmente, en los alimentos elaborados: leche en polvo, manteca, quesos. Argentina podría aprovechar esto; y sin embargo, el estatismo económico, la intervención en los mercados y el proteccionismo industrial (que se supone que se lleva a cabo para servirle la mesa a los argentinos) han mandado a la mitad de la población a la pobreza. En lugar de beneficiarse de este mundo, que está dispuesto a pagar fortunas por los productos que Argentina elabora, seguimos adelante con las prohibiciones a las exportaciones, el cepo cambiario y esta idea que ahora promueve el gobierno, que consiste en desacoplar los precios internacionales con los locales. Todas estas medidas entorpecen la producción; entonces, el gobierno vuelve a enfrentarse con el sector que genera los dólares, que es lo que tanta falta le hace al país. Tenemos los puentes cerrados con Uruguay, que es un lugar a través del cual pueden ingresar turistas. Hasta el gobierno de la Provincia de Entre Ríos está protestando respecto del cepo fronterizo. No solo no logramos levantar ningún control, sino que estamos poniendo cada vez más. Y como hay más intervención, más Estado, hay más inflación y más pobres. Aún así, conforme van pasando los trimestres y apareciendo los nuevos informes sobre las cifras de pobreza, se repiten estas decisiones.
Este modelo económico se agotó completamente. Ya no quedan dólares en el Banco Central de la República Argentina (BCRA); las restricciones cambiarias han vaciado las reservas. Esto es algo que puede jugarle en contra al gobierno en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los acreedores, donde lo que se busca es que Argentina se reconecte con el mundo financiero internacional y pueda volver a obtener crédito, siempre y cuando el país esté dispuesto a salir de este modelo económico decadente, que es el que nos trae millones de pobres e indigentes.
Por ahora, lo más probable es que para financiar el déficit fiscal, el gobierno continúe emitiendo billetes de 1.000 pesos, que con el correr de los días, van perdiendo valor. El gasto público se encuentra absolutamente desmedido; y el dinero que se invierte en obra pública termina en los bolsillos de los empresarios de la construcción, que acuerdan la repartición de dichos fondos con el gobierno kirchnerista.
Mientras se discuten estas cuestiones, Argentina sigue sin animarse a apostar por la libertad económica, la liberalización de los mercados, la apertura de la economía al comercio exterior, facilitando el ingreso de dólares y evitando que salgan permanentemente.
Las próximas horas serán decisivas; no solamente por lo que se está negociando en Washington, sino porque mañana y pasado comienza esta cumbre mundial por la democracia, a la que Argentina ha sido convocada. Estados Unidos invitó al país; y finalmente, Alberto Fernández confirmó que va a participar. Se trata de una cumbre virtual, en la que habrá un mensaje grabado de Alberto, tratando de mantener la relación con el G-7, cuidando la negociación de apuro que Argentina necesita con el FMI, y seguramente, planteando las objeciones que el país tiene en relación a la política internacional con sus países amigos, que por supuesto no van a estar convocados en esta cumbre por la democracia. Hablo de Venezuela, Cuba, Nicaragua, Rusia, Irán y China.
No obstante, un día después de la cumbre realizada en Estados Unidos, se va a celebrar el festejo por la democracia argentina; y pienso que será más bien partidario que inclusivo de todas las fuerzas democráticas del país. Parecería ser que el gobierno va a organizar un festejo para sí mismo. O sea que por un lado, aparecerá Alberto Fernández reunido con Joe Biden por la democracia; y por el otro, Cristina Kirchner con Lula da Silva en la Plaza de Mayo, respondiendo y obviamente compensando a los sectores de izquierda que respaldan al Frente de Todos y al oficialismo.
Un actor político que está más vigente que nunca, y tiene mucho que ver con el modelo estatista, es el fenómeno de los movimientos sociales y el piquete. En cierta forma, desde los últimos 20 años, ha habido una institucionalización del piquete como factor de presión política central en Argentina; y quizás siendo éste tan influyente y poderoso como los propios partidos políticos.
En materia sanitaria, hay un poco de preocupación, ya que luego de varios meses, han aumentado los contagios de COVID-19 en Argentina, aunque se mantiene muy estable la cantidad de fallecimientos y la ocupación de camas de terapia intensiva. De todos modos, se abrió el debate sobre el pase sanitario, en un país en donde todavía, la provisión de vacunas no está totalmente clarificada. Por eso es que hay una discusión válida acerca de este tema. Veremos a qué conclusión se llega.
A pesar del contexto y los problemas ya descritos, Argentina define si va a lograr algún grado de acuerdo con el FMI para contener la situación y hacer un ajuste eventualmente moderado, estableciendo de alguna manera un límite a esta espiral inflacionaria, que tanto daño le ha hecho y le sigue haciendo a nuestro país.
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