¿Se puede estimular el consumo argentino en la actualidad?
Para ellos, si hay consumo, vienen nuevas empresas, se invierte, se genera empleo, y se crece. Incluso la Vicepresidenta actual, Cristina Kirchner, suele recordar que en 2011, la gente la votó porque el consumo había explotado.
Para empezar, lo que en verdad ocurrió en aquel año tiene que ver con que se priorizó el consumo ignorando la inversión.
Esto se puede explicar haciendo la siguiente suposición:
En una empresa, se empiezan a quemar todas las luces. Y los dueños, en vez de comprar lámparas nuevas con todo el dinero que ahorraron, deciden gastarla yéndose de fiesta. La consecuencia va a ser que tarde o temprano, la empresa no va a poder seguir produciendo.
Asimismo, lo que hizo Cristina durante su gobierno fue consumirse el stock de capital que se había acumulado desde la década del 90 en energía, gas, etc. Como no hubo mantenimiento en ninguno de estos sectores, las rutas se destrozaron y nos quedamos sin productos primarios. Por algo en ese período se perdieron diez millones de cabezas de ganado. Por ende, es cierto que Cristina estimuló el consumo en forma artificial por un tiempo determinado. Pero eso lo pudo hacer hasta que se acabó.
En Economía, existe una ley llamada Ley de Say, propuesta por un economista liberal francés llamado Jean Baptiste Say.
La Ley de Say dice así:
"Toda oferta crea su propia demanda".
Esto significa que para que un individuo pueda salir a comprar bienes, primero debe producir (ofertar) algo, de manera tal que alguien le pague, y con ese dinero pueda demandar. O sea que yo voy a poder salir a gastar dinero si previamente produje. En cambio, lo que el Kirchnerismo propone es que una persona pueda consumir sin haber producido anteriormente, con lo cual hay un error de concepción bastante considerable.
Por ejemplo, si un hombre llega a una isla y quiere comer cocos, lo primero que hace es se subirse la palmera; luego, agarra el coco; y por último, lo come.
Se empieza produciendo y se termina consumiendo. Así es el proceso.
La hipótesis kirchnerista consiste en poner plata en el bolsillo, para que la gente compre, se reactive una cadena de consumo, y las empresas aumenten algún turno más de una fabricación de algún producto. Pero una cosa es reactivación y otra crecimiento. La teoría keynesiana, contraria a la Ley de Say, plantea que son las necesidades de gasto las que crean su propia demanda, a la cual se va a ajustar la producción; por lo tanto, si una empresa tiene una máquina funcionando al 100%, la emisión monetaria hará que el empresario ponga otra máquina en funcionamiento para fabricar productos; y los precios no suben porque a pesar de lo emitido, hay más oferta de bienes en comparación con la cantidad de dinero.
Ahora bien, si la capacidad productiva de las empresas es bajísima y la inversión no aumenta (como está sucediendo en Argentina), dicha teoría no se cumple. De no ser así, la emisión monetaria hará que en la economía circulen más pesos pero con la misma cantidad de bienes y servicios. Al no ampliarse la capacidad de producción frente a la emisión monetaria, cae el poder adquisitivo del dinero. Por ejemplo, si la oferta de vasos es constante y la oferta de pesos sube, bajará el precio del peso, ya que en definitiva, la moneda es una mercadería como cualquier otra.
Y cuando uno se pregunta por qué el señor que fabrica vasos no incrementa la producción de este bien al haber mucha gente demandando vasos, la respuesta es que hay una alta tasa de interés, una legislación laboral que no es amigable a la hora de contratar empleados, Roberto Feletti controlando los precios, un sindicalismo que le hace la vida imposible al sector privado, una carga impositiva que es insoportable (con Martín Guzmán anunciando un impuesto a las ganancias inesperadas) y regulaciones que también impiden trabajar. Por eso es que al tener la ventanilla sigue llena de gente, la fábrica de vasos no cambia la cantidad sino el precio.
Con respecto a quienes siguen negando que la inflación es un fenómeno monetario, les voy a dar un dato:
Desde Noviembre de 2019 hasta Marzo de 2022, la cantidad de dinero aumentó un 133%, mientras que el Índice de Precios al Consumidor subió un 147%.
La inflación NO es multicausal.
En definitiva, hasta que no cambien las reglas de juego, nadie va a poner un peso más en este país.
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